Duval, Norma Duval
Ha comenzado una nueva era: la era de Norma. Lo comprobé en el transcurso de la entrega de trofeos S.A.R Princesa Sofía-Mapfre, en las inmediaciones del Pueblo Español. Estaba una, como siempre, retando a los guardas de seguridad, escabulléndome de dentro hacia afuera, cuando percibí el disparo de un flash. Ah! ya llega la Reina!!. Y corrí hacia el exterior del edificio. Retrasada, como siempre, por ir de un lado a otro, me topé con sus rostros bronceados y sonrientes. Eran Norma y Matthias Bond. Hey Kuhn! ¿Una foto? Nunca me había parecido tan guapo, alto y simpático. Ahora ya no era tan solo el inmobiliario con más renombre de la Isla, ahora era un personaje de la revista de las princesas. Y se nota. Vaya si se nota. ¿No han visto ustedes alguna vez a gente que posee una luz especial? ¿y no se entera luego de que su currículum vitae no es anodino? Yo creo que cuando uno posa para esas publicaciones recibe una luz especial de los flashes que resta de por vida en su rostro. Al marcharse la Reina todos querían una foto con la vedette. Bond no estaba por la labor y con él no valen las bromitas a las que suelo recurrir. Posaron con los máximos dirigentes de la entidad aseguradora y, luego, solos y radiantes. Una fémina me rogó que la llevase junto a Norma para salir con ella en la foto. “Nos hemos hecho muy amigas en el cóctel”. El “cóctel” hacía diez minutos que había comenzado. “¿Ya os conocías?” -pregunté_. “No, pero coincidimos en todas nuestras opiniones” -argumentó-. Raro en mí, no pregunté más y me fuí en pos de los verdaderos protagonistas: los españoles que habían conseguido trofeos en esta destacada regata. Cuando me marchaba, recordé otros tiempos y otros rostros. Era el año pasado, en la sede del Parlament. Hice una foto de empresarios, fiscales, abogados y cónsules. Entre ellos, una simpática señora. La susodicha me espetó: “quiero salir en una foto importante”. Le contesté que la flor y nata de la sociedad estaba inmortalizada en la fotografía en la que ella posaba. Me contestó: “No, no, yo tengo que salir con Maria Antònia”. “Ahora vuelvo”, le dije mientras huía hacia el lado contrario de la estancia. No se puede negar. Maria Antònia Munar tenía esa luz especial que inundaba el ambiente. Estando presentes el president del Govern balear o el delegado del Gobierno, todas querían posar con “sa presidenta”. ¿Qué tenía ella que no había sido tocada por los flashes de las revistas del cuore? ¿Por qué refulgía sin poseer cuerpo de vedette? No lo sabemos, pero sin Munar empieza otra era. Será la era de Norma?
