La Isla de la Concordia
Qué pena perder la oportunidad de comentarles más cosas de la sociedad mallorquina por no poder quedarme hasta el final en las fiestas a las que acudo!!!! Siempre hay que irse a otro lado, bah! He descubierto una fórmula magistral pero no sé si infringiría las normas de esta sociedad nuestra. Lo cierto es que, cuando en un día libre me encuentro con algunos conocidos con ganas de hablar, me cuentan sabrosos episodios de familias de la isla, entresijos de la política balear que me prohiben que saque a la luz o experiencias vividas por ellos en primera persona. Todo un manjar de cotilleos sabrosísimos. Me llama poderosamente la atención que, cuando los protagonistas de esas historias está presentes, todos utilizamos ese consabido recurso del mallorquín que es disimular lo obvio o darse por no enterado. Yo soy algo indiscreta y suelo preguntar: “pero no me dijiste que…?” a lo que me contestan con un “calla, calla, nos hacemos los tontos”. Yo, desde aquí, en esta primera cita, les pido permiso a mis “gargantas profundas” para que nos dejemos de disimulos y contemos lo que, en el fondo, todos los que rodean a la persona en cuestión ya saben. Lo evidente, existe. Eso sí, prometo que no contaré las historias de “terror” , de entresijos de su partido, que un político en activo me narraba tras unos vinitos que regaron la cena de “botifarrons y longaniza” de la “revetla” de Sant Sebastià. Si tus ojos brillan, no contaré nada, amigo mio. Permiso?
